La edad dorada del cambio

La edad dorada del cambio

Diego Arce, un nativo digital que vive de cerca la transformación de la publicidad, se dedica a la  comunicación y el márketing desde hace más de una década y en junio de este año decidió crear su propio negocio virtual.

La publicidad, más que nunca, se ha convertido en una necesidad. La transición a internet, la comunicación bidireccional y la competencia global a la que se enfrentan las empresas en esta nueva era, ha dado como resultado un cambio en este sector que, no sólo se dirige al ámbito digital, sino que también está viviendo su edad dorada. Y Diego Arce lo sabe mejor que nadie.

Este joven burgalés lleva más de 10 años en la publicidad, el márketing y la comunicación, y conoce de cerca la transformación que se está produciendo hoy en día, pues trabaja el terreno digital prácticamente desde sus inicios. «La crisis favorece el cambio, y eso significa adaptación a los nuevos tiempos», asegura. Defiende que la publicidad tiene más futuro que nunca porque Internet y las nuevas tecnologías, imprescindibles hoy en día, han patrocinado el giro que ha dado la comunicación. Ahora son los clientes los que buscan el producto y no al revés. Además, esta nueva era ha provocado que las empresas compitan a nivel global. Por ese motivo, se necesita vender productos más diferenciados y que aporten experiencia y entretenimiento a los usuarios. Y nada como la propaganda para ayudar a posicionarse en este mundo tan superpoblado. Como defensor de la transformación que se está desarrollando, Diego hace dos meses decidió abrir su negocio virtual. «Llega un momento en el que te quieres dar a conocer, y una página web es el mejor escaparate al mundo», concede. Pero aclara que no busca la transición absoluta a internet, sino una convivencia y un entendimiento entre ambos modelos, pues un negocio no sólo se sostiene gracias a su ubicación en la red, sino que requiere de otras fórmulas, y éstas corresponden, sin duda, a la difusión tradicional a través de vallas y carteles. Sobre todo, recalca la importancia de estos formatos en ciudades como Burgos. «La publicidad en este ámbito nunca va a desaparecer, porque el boca a boca y la divulgación de mensajes en papel hacen mucho por el consumo local», destaca.

Lleva muchos años en esto, pero sólo dos como freelance. Es decir, desde 2012 produce y diseña para él mismo y la prueba más clara está en el propio negocio: Yo Soy Diego. «Los diseñadores y fotógrafos que actúan por su cuenta suelen poner sus nombres. Yo también lo he hecho porque, al fin y al cabo, yo soy mi propia marca», justifica. Asegura que lo que más le gusta es trabajar por y para él, y que a día de hoy, no se ve de otra manera. «Quiero crear yo, no gestionar a los demás», declara.

Diego Arce no pone límites a su creatividad. Él, como nativo digital, vende experiencia y sobre todo un servicio de 360 grados. Con su ordenador y los programas Photoshop o Ilustrator, desarrolla desde carteles publicitarios en papel y logotipos para comercios locales, hasta anuncios en la plataforma Facebook, los más demandados hoy en día. Aunque las redes sociales y el trabajo virtual abren la puerta a nivel nacional, crea sobre todo para Burgos, Madrid y Miranda, especialmente en el sector sanitario y el musical. Diseña páginas web para tiendas interesadas en posicionarse en internet, y también bolsas, tarjetas o flyers, entre otros. «Yo me adapto a lo que necesite cada cliente para su comercio», asegura.

El ingrediente básico para sobrevivir al cambio en la publicidad se encuentra, según Diego, en saber buscar un ángulo diferente a cada cosa. Al igual que un periodista se dedica a la investigación, el publicista observa todo lo que encuentra a su alrededor y analiza de qué forma puede contarlo. Es sabido por todos que la creatividad determina el componente por excelencia, pero por encima de eso, está la forma de expresar un concepto. Para explicarlo, Diego recurre a Dalí y su célebre frase para definirse: «La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco». Este brillante pintor «estaba reconocido como un desequilibrado», recuerda. Su trabajo consistía en expresar a golpe de vista significados del mundo: un reloj que se derrite implica la relatividad del tiempo, o un elefante con las patas más finas y largas que el cuerpo representa la ligereza de las cosas que parecen pesadas. «Y esta forma de reflejar los conceptos del universo define exactamente la labor de la publicidad», asegura Diego, un joven que hace un balance muy positivo de su negocio porque considera que trabajar en ámbitos tan diferentes da lugar a un cambio de mentalidad, necesario en esta nueva era.

Fuente: Diario de Burgos

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